Miserias Literarias

Desgranando el agusanado mundillo editorial

01 diciembre 2006

Consultorio literario (VI)

¿Qué título académico debería poseer un crítico literario? (Al fin y al cabo, sólo un médico puede recetar, ¿no?).

¿Y un escritor para poder escribir? Siempre me he considerado un férreo detractor de la tan traída y llevada titulitis lo cual no quiere decir que dé por bueno el que cualquier indocumentado esté en condiciones de ejercer una determinada profesión. Pero no es menos cierto que no sólo el academicismo dota de las condiciones necesarias para desempeñar una determinada tarea con solvencia. Los valores exigibles un crítico literario no son cuantificables en base a unos estudios determinados. Aún teniendo en cuenta lo que tiene de subjetivo el ejercicio de la crítica —condición inherente al propio acto de juzgar—, un buen crítico, ante todo, debe ser honesto, analítico, independiente, imparcial y, obviamente, exquisitamente versado en la materia que critica. Salvo la última de ellas, el resto de cualidades no pueden enseñarse. Se aprenden y se cultivan.

¿Cuando inicias una novela ya sabes lo que quieres contar o te dejas guiar por los personajes y sus historias? Esto es algo que me interesa mucho porque no sé si he perdido la inspiración o me han abandonado mis "personajes".

Dice el saber popular que «cada maestrillo tiene su librillo». No hay un patrón exacto a la hora de narrar una historia. Unos prefieren ser metódicos y esquematizar todo lo que van a contar antes de empezar a hacerlo y otros prefieren partir de una idea base, un pálpito, una impresión y dejar que el texto fluya mientras lo escriben. Cada método tiene sus ventajas y desventajas y todos son adecuados en tanto en cuanto cumplen su cometido. En mi caso, yo prefiero partir de una idea base, esquematizarla en la cabeza hasta que tengo claro de donde parto, por donde paso y a donde quiero llegar —no escribo una sola línea hasta que no sé cómo va a acabar mi historia— y una vez montado ese esquema, me pongo a escribir sin encorsetarme en ideas preconcebidas, dejando que fluya el carácter de la narración. Es curioso —y gratificante— el descubrir cómo «se te rebelan los personajes». Cómo alguien que participa en tu historia desde una perspectiva secundaria, de pronto cobra interés, despierta tus simpatías y termina siendo una pieza clave de tu narración. Forma parte de lo que tiene de juego el placer de escribir.

Qué es más fácil de escribir ¿cuentos o novelas?

En principio puede parecer más sencilla la escritura de cuentos ya que el esfuerzo para desarrollar la historia aparenta ser más breve. Pero sólo es apariencia. Un buen cuento requiere de una serie de habilidades muy particulares que, en mi modesta opinión, no están al alcance de cualquiera. El terreno en el que se mueve un cuento es mucho más condensado, mucho más reducido. La capacidad de síntesis necesaria para contar una buena historia —y hacerlo bien— en cinco o diez páginas es agotadora. En la novela tienes un margen de maniobra mucho más amplio. Si cometes un error argumental en una novela, tienes doscientas páginas para subsanarlo —o disimularlo—. Si cometes un error argumental en diez páginas, arruinas la historia. Escribir un cuento es como tratar de hacer salto de longitud disponiendo de un espacio mínimo para coger carrerilla. Hay que ser muy bueno para hacerlo bien.

¿Cuándo se está seguro de que una novela está terminada?

Nunca. Una novela puede estar completa pero nunca estará terminada. Cualquier texto siempre es mejorable. Hasta el más perfecto de ellos. A lo máximo que se puede aspirar es a completarla de la forma más digna posible. Yo he leído textos míos, ya editados, a los que me han dado ganas de darle un nuevo giro a pesar de que el resultado me pareció bueno cuando lo entregué a la editorial. Esa es una de las maldiciones del escritor y, sobre todo, del escritor perfeccionista. Todo es mejorable. Siempre.

¿Cuál es el último chanchullo editorial del que se ha enterado?

El último del que tengo constancia es el eterno chanchullo, el chanchullo por antonomasia: el Premio Planeta. Al menos, en esta edición, han tenido la decencia de ofrecérselo a un escritor de reconocida trayectoria y prestigio pero de indudable buen hacer. No he leído aún lo último de Pombo pero, por lo anteriormente escrito por él, no me cabe duda que tendrá un mínimo nivel de calidad literaria. Otra cuestión aparte es que Planeta siga traicionando el espíritu de los certámenes literarios, montando el circo mediático que monta y solicitando la colaboración de candidos escritores que entregan esperanzados sus manuscritos pero que la única oportunidad que tendrán será la de ejercer de perfecta comparsa.

27 Comentarios

Anonymous Anónimo dijo...

Estimado Prometeo: En primer lugar, felicitarle por su blog, creo que está ayudando a muchos escritores noveles a, por lo menos, saber donde se pisa. En internet hay multitud de clubs, asociaciones,grupos etc de escritores noveles que suelen pedir una cantidad de dinero para hacerse socio.¿Realmente son útiles o son una estafa?¿Los editores suelen visitar estas paginas en busca de talentos que publican allí? Por otra parte estoy pensando en crear mi propio blog para dar a conocer mis escritos, mis pensamientos,mis opiniones...¿Es una buena forma de promocionarse?¿Puedo esperar tener una mínima posibilidad de ser "descubierto" por alguna editorial o soy un ingenuo? Gracias por su paciencia.Saludos.

3/12/06 22:23  
Anonymous Danzista sufí dijo...

Afortunadisimo el simil entre la redacción de un cuento y el salto de longitud sin carrerilla. Nunca se me hubiese ocurrido. Yo no lo habría expresado mejor.

Siga con su labor, señor Prometeo. Creo que no es realmente consciente de hasta qué punto le estamos agradecidos algunos por sus valiosas palabras.

4/12/06 13:16  
Blogger zoquete dijo...

Querido Prometeo,

Le reitero las felicitaciones por su blog y le añado algunas preguntas ya formuladas en algún comentario que le he dejado en el pasado. Como no lo he visto publicado, no sé si se debe a algún error informático o bien a que no merecen contestación, en cuyo caso no volveré a exponerlas.

Imagínese un “Gog” del mundo editorial. Dispone de un excelente capital que le permite montar su editorial (o quizás no tanto capital, pero sí una excelente red de distribución). Por favor, sin abandonar su sensibilidad hacia los aspirantes a publicar, busquemos la cuadratura del círculo: ¿cómo canalizaría ese enorme caudal de energía de tanto aspirante a escritor y, al mismo tiempo, haría rentable su negocio? Formulada la pregunta de otro modo, si usted pagara a alguien por escribir, ¿qué perfil buscaría y qué le exigiría?

A raíz del siguiente artículo “Probemos con veneno”. ¿No es interesante tal práctica para los aficionados? Obliga a verse reflejado en otros, en la ambición y en la petulancia, en las inquietudes y en la subsistencia, además de ayudar a anteponer la obra sobre la autoría, para rebelarnos a la intransigencia de nuestro orgullo creativo…

Reciba un cordial saludo,
zoquete

4/12/06 20:46  
Anonymous Apostillas literarias dijo...

Creo que no es que se te enseñe a ser crítico y mucho menos a ser escritor, pero si junto a las cualidades que mencionas (o características) se tiene, además, la academia, pues excelente. Por supuesto que no es necesaria, pero sí es de gran valor. En mi opinión.

Me auno a las felicitaciones para tu blog.

8/12/06 06:47  
Blogger Antonia Romero dijo...

Aunque no comentemos, por aquí estamos muchos leyendo.

En cuanto a la entrada de zoquete (he leído el artículo en cuestión) y creo que escribir a duo (me lo han propuesto en varias ocasiones) va contra la esencia del "ser escritor". Yo creo que escribir es una de las tareas humanas más solitarias que existen.

Un saludo

8/12/06 19:56  
Blogger Prometeo dijo...

Estimado Anónimo:

Es imposible conocer la animosidad que esconden todas y cada una de las asociaciones, grupos o clubs de escritores —en Internet o en cualquier otro ámbito—. Las habrá que sean honestas y las habrá que no. En cualquier caso, si alguien organiza uno de esos eventos con la promesa de encontrarle un editor, de entrada, desconfíe. Le aseguro que los editores tienen su cupo más que cubierto con los manuscritos que les llegan a través de unas y otras fuentes como para tener que acudir a ese tipo de colectivos. No digo que alguno no haga —por puro placer más que por necesidad— algún tipo de repesca calibrando textos y posibles valores literarios que pudiese encontrar en páginas que tiene como meta aunar a escritores diletantes —del tipo yoescribo.com o badosa.com, por poner meros ejemplos— pero le aseguro que son una muy pequeña parte. Ese procedimiento no es ni mucho menos el habitual.

Otra cuestión aparte es que ese tipo de colectivos y entidades se proponga una serie de objetivos interesantes a todas luces como pueden ser congresos, seminarios, acercamientos entre escritores, cursos, orientaciones, reivindicaciones colectivas… En casos como esos, no dejo de reconocer la utilidad inherente de pertenecer a alguna asociación de ese carácter pero si lo que pretende es encontrar editor a través de ellas, le adelanto que ese no es el camino.

Respecto a la posible utilidad de crear un blog o página web para exponer sus textos, tenerla, la tiene. Como he comentado en más de una ocasión en este mismo blog, ninguno de los esfuerzos empleados en dar a conocer nuestros textos —hasta los más peregrinos— no deben ser desestimados bajo ningún concepto: reuniones literarias, presentaciones de libros, tertulias, mesas redondas… y porqué no: Internet. Cuando acaba surgiendo una oportunidad, en ocasiones resulta sorprendente comprobar el origen de la misma. Otra cuestión diferente es lo que usted espere y lo que obtenga a cambio si se decide a tomar alguna de esas vías. No existen soluciones taxativas. Lo de «llegar y besar el santo» no funciona más que en contadísimas ocasiones. Eso sí, si se decide a hacer públicos algunos de sus textos en una web o blog, le recomiendo encarecidamente que los registre antes.

Un saludo,
Prometeo

9/12/06 00:51  
Blogger Prometeo dijo...

Estimado Zoquete:

En su momento no contesté a su pregunta porque realmente no albergo ninguna respuesta. Nunca me he planteado el montar una editorial o cómo la gestionaría en el caso de que llegase a hacerlo. Conociendo el ámbito editorial como lo conozco, prefiero reservar mis esfuerzos al mero placer de escribir —que no es poco—. Los mecanismos que rigen una editorial exigen la toma de una serie de decisiones y posturas con las que no me sentiría nada cómodo. Pero, en el hipotético caso de que lo hiciese y contase con los ilimitados medios que me comenta, me limitaría a publicar aquellos textos que como lector me llenasen. Desconozco si eso iría en detrimento de la rentabilidad del negocio. No lo sé. Es lo que tiene de azar el negocio editorial. Mi criterio personal podría llevarme a publicar a Preston Child —o alguno de sus émulos— o a Pío Baroja. ¿Con cuál de ellos triunfaría? Chi lo sa

Hay una cuestión sobre la que no he hablado hasta ahora. Una cuestión que encierra una terrible verdad: todo aspirante a escritor —con todo lo que esa situación tiene de digno, respetable y loable— cree haber escrito «LA NOVELA», una novela maravillosa que encandilará a todo el que la lea y cuyo titulo se registrará en los anales de la nueva literatura. Ninguno jamás se plantea —al menos de forma seria y responsable— que lo que ha escrito pueda poseer una calidad deficiente. Y le aseguro que muchas de las obras que llegan a las editoriales no hay por donde cogerlas. Algunas son vergonzosas —de vergüenza ajena—. La cuestión es que luego surgen tremendismos del tipo «el mundo editorial está agusanado» —que lo está pero esa es otra cuestión—, «soy un autor incomprendido», «la conjura editorial tan sólo publica y mantiene a una elite que le resulta rentable» y cuestiones similares. Al margen de que algunas de esas afirmaciones sean exactas en mayor o menor medida, muchos de esos diletantes no son capaces de llevar a cabo un ejercicio de humildad y contrición y reconocer que lo que han escrito no posee unos mínimos niveles cualitativos. No. Es más fácil reconocer —y culpar— el defecto ajeno que el propio. Si se aceptase que «ni todos moros ni todos cristianos», es decir, que no todos los editores son unos míseros capitalistas —que algunos lo son— ni que todos los aspirantes a escritor son el nuevo Kafka —que algunos lo son—, se ganaría mucho. En muchos sentidos.

Respecto a lo de la escritura a varias bandas, coincido con el criterio de la señorita Romero. Como ejercicio literario o como curiosidad puede que no deje de tener su aquel. Incluso proporcionar buenos resultados —de nuevo, al caso de Preston Child me remito— pero precisamente ese orgullo creativo al que hace referencia es el que nos suele conducir hasta nuestra meta, tanto al fracaso creativo como al más dulce de los éxitos. Escribir es volcar esa historia que llevas dentro y hacerlo como tú la vives, como la sientes. Si existe la limitación de tener que contar con el criterio de otra persona para hacerlo, creo que pierde bastante la gracia. No digo que el resultado no pueda ser muy digno, lo que digo es que, como escritor, yo no disfrutaría de la experiencia que me supone escribir. En cualquier caso, no es más que una apreciación personal.

Un saludo,
Prometeo

9/12/06 01:33  
Blogger Prometeo dijo...

Estimada Apostillas:

Obviamente considero necesario contar con un gran conocimiento y una amplia cultura para ejercer la labor de crítico literario con acierto. A ello me refería cuando indicaba que se debía ser exquisitamente versado en la materia que se criticaba. Pero no es menos cierto que un título académico no garantiza esa circunstancia de igual manera que un título en Derecho no garantiza un buen desempeño de la abogacía. A día de hoy, un título no es ninguna garantía de nada pero, en el caso de la crítica literaria, al tratarse de una labor que tiene mucho de evaluación subjetiva, en mi opinión, esa circunstancia —lo innecesario de una titulación— se hace aún más palpable y evidente sin querer decir con ello, insisto, que cualquier indocumentado este capacitado para ejercer dicha labor. Lo que debe exigírsele a un crítico, además de ser juicioso, es que posea unos conocimientos concretos, evidentes y contrastados más allá de los que se presupone que te otorgan la concesión de un título.

Un saludo,
Prometeo

9/12/06 01:49  
Blogger Prometeo dijo...

Estimados todos:

Me gustaría darles las gracias por la inclusión de los diversos comentarios que tienen a bien incluir en las entradas de este blog. Mi parecer personal es que dichas entradas se enriquecen mucho más cuando se produce debate e intercambio de opiniones acerca de los temas tratados y se hace con el buen juicio del que hacen gala los visitantes de este «antro de perdición». Como habrán podido comprobar, mi participación en este blog no se limita ya «llegar y soltar mi rollo» sino que yo también disfruto —y aprendo, todo hay que decirlo— intercambiando pareceres con todo el que gusta de pasarse por aquí y dejar su opinión al respecto. Les invito cordialmente a que continúen participando con el mismo ánimo que hasta ahora.

Un saludo (y buen puente) a todos,
Prometeo

9/12/06 01:56  
Anonymous Aposatillas literarias dijo...

Totaslmente de acuerdo: un título no es ninguna garantía de nada, pero no tenerlo tampoco. Sin embargo, ser doctor en lo que sea ayuda mucho (aunque, repito, no es garantía, de acuerdo, pero se estudia mucho para llegar a hacerlo y eso da "conocimientos concretos").

Lo que añadiría a todas las características que para ti son convenientes en un crítico literario, es el tener una competencia lectora muy buena, pero quizá esto entre en "conocimientos concretos".

9/12/06 02:30  
Anonymous Javi dijo...

He estado leyendo un poco el blog, por encima, y los últimos comentarios, las preguntas de la gente, sobre todo, me han animado a, por mi parte, querer dejar claras algunas cosas. Lo primero, que si uno escribe es por gusto y necesidad, y no buscando la fama o el dinero. Para eso hay otros caminos mucho más directos y fáciles, creo yo.
Onetti distinguía entre el que quiere ser escritor como sea, a costa de quien sea, y el que sólo pretende escribir -escribir como afición, como pasatiempo, como vicio, para su dulce condenación, decía él. También dejaba claro que él sólo respetaba a estos últimos.
Cito algunos casos que me parecen interesantes:
Marsé, que escribió Si te dicen que caí pensando que nunca se iba a publicar. No es de extrañar que sea su mejor novela. Porque una cosa es escribir y otra publicar. Hay que escribir sin pensar en el dinero, sin pensar siquiera en el público o el lector. Si uno quiere que le salga algo bueno, claro. Otra cosa es publicar, que yo veo muy bien que uno lo haga buscando el mayor beneficio económico posible.
Cormac McCarthy, que me parece, después de Faulkner, el mejor escritor norteamericano (hablo según mis gustos; no se puede hablar de otra manera) este escritor dicen que vivió una juventud casi de indigente, y que se niega a conceder entrevistas o a cobrar coferencias por mucho dinero que le den por hablar de sus libros. El buen novelista sabe que todo lo que uno pueda decir acerca de sus novelas irá en contra de las mismas. Sólo el que sabe que escribe mierda se pasa el día hablando de sus novelas, diseccionándolas, explicando qué quiso decir con esto y con aquello otro, intentándolas vender de la manera que sea, colándolas en premios ya premiados, armando bulla o polémica o paseándose como un títere por programas de radio y televisión. Pero cada uno tiene la dignidad que quiere tener y que merece.
Añadir también, por último, que hay que dejarse de lloros, de quejas y lamentaciones y ponerse a la tarea, es decir, a escribir una buena novela que se sostenga en el tiempo por si misma, sin necesidad de apoyos comerciales, premios, etcétera. Si uno escribe una gra novela, una novela que esté a la altura de las mejores, será publicada tarde o temprano. Yo, que tengo 24 años y que voy -qué remedio- asomándome al mundillo editoria, estoy convencido de ello. Sólo la calidad de la novela importa. Sobran demasiadas malas novelas como para gastar más papel con las también fatuas historias de uno. Hay que ser exigentes, y pensar en Rulfo a la hora de publicar, de escribir.
Y nada más. Que me parece que se me ha ido la mano y me he alargado en exceso. Pero me siento cómodo leyendo este blog (¡ánimos y a seguir así, a pesar de los pesares!) y puede que tal vez estas palabras mías ayuden a alguien. Así lo espero.

Un saludo
Javier.

11/12/06 15:24  
Anonymous Asiduo anónimo uno dijo...

Estimados Prometeo y contertulios:

Hay un tema del que no se ha hablado todavía. Me refiero al de la traducción literaria, no al de la publicación en el extranjero -que de ese sí recuerdo unos interesantes comentarios de Prometeo- sino al de la traducción al español de textos escritos originalmente en otras lenguas, particularmente en inglés. Me imagino que ese sí que debe de ser un mercado de élite, copado por unos cuantos y prestigiosos profesionales. Pero ¿podría Prometeo ponernos en algunos antecedentes, contarnos algún detalle? Y ¿qué posibilidades tendría alguien que iniciara ahora su andanza universitaria, con notables dotes tanto para la Lengua y la literatura como para los idiomas, de acceder, acabados sus estudios, a ese mercado?

Por otra parte, me permito recordarle a nuestro estimado anfitrión y maestro que prometió dedicarle algún día de estos una entrada al apasionante asunto de la creación literaria pura y dura: el impulso creador, el proceso, los hábitos, los apoyos, qué pueda ser aquello de la voz literaria y, en fin, cuanta sugerencia, consejo u opinión tenga a bien compartir con nosotros.

Gracias, como siempre.

11/12/06 15:55  
Blogger Edmundo Busoni dijo...

Estimado Asiduo Anónimo Uno:

has de saber que si es difícil vivir de la creación literaria, casi tanto o más difícil es vivir de la traducción. En el caso de las traducciones del inglés puedes imaginarte el batallón de traductores en potencia o en acto que hay para disputarse unas migajas... Ten en cuenta, además, que mientras un autor percibe el 10% de las ventas de sus libros como royalties, un traductor -con mucha, mucha suerte- se queda en el 5%. Eso si el editor no le dice: "Te doy tanto por el texto, y olvídate de porcentajes y de derechos de traductor".

Se trata en parte, como tú dices, de un mercado de elite copado por unos pocos profesionales, pero sólo si hablamos de las editoriales grandes, que suelen contar con su equipo de traductores más o menos fijos a los que les encargan los trabajos. Si te quieres iniciar en el mundo de la traducción te recomiendo que empieces por editoriales pequeñas: olvídate de Alfaguara, Anagrama, etc, por el momento.

Si bien como "modus vivendi" es más bien precario (si es que puede llegar a serlo en absoluto), sin duda estoy de acuerdo con Javier Marías en que la traducción es quizá la mejor disciplina para aprender a escribir. Quién sabe: uno puede empezar traduciendo a Thomas Hardy y acabar escribiendo una novela sobre corazones blancos y espaldas negras que vendan millones de ejemplares en el mundo.

A ver qué dice nuestro prometeico bloguero.

Have a good one.

12/12/06 22:38  
Anonymous Anónima de las 9:59 dijo...

Mi muy estimado Prometeo y demás contertulios,

Caramba. Como escritora yo sólo persigo entretener, divertir, alejar al lector de la realidad durante unas horas (días o semanas)... Y bueno, intento mantener un mínimo de calidad literaria.

No creo que nunca llegue a escribir una obra maestra. No creo que pase a la Historia (esa con mayúsculas) de la Literatura. Ni lo creo ni lo pretendo.

Sólo quiero entretener. (Y de paso entretenerme yo, ¡disfrutar!, mientras escribo).

¿Qué opinión les merece este humilde objetivo?... ¿Acaso no es tan loable perseguir el simple disfrute como el de intentar conseguir la Gloria literaria?...

(Nota: Partamos de la hipótesis de que las novelas "para entretener" estén bien escritas).

13/12/06 14:56  
Anonymous otra anónima dijo...

Quería hacer una pregunta sobre las mujeres en el mundillo literario, sin entrar en polémicas de si hay muchas o pocas o son mejores o peores. Me refiero si a la hora de relacionarse con otros escritores, de entrar en el mundillo, lo tienen más o menos complicado, sobre todo en el aspecto social, de relación con colegas. O en cambio si depende, como todo, de la personalidad de cada uno. Apreciaría la opinión pometeica de alguien que está dentro.

14/12/06 13:00  
Blogger Prometeo dijo...

Estimado Javi:

Coincido con usted en parte de sus premisas y así lo he expuesto en varias ocasiones a lo largo de las entradas y comentarios del blog. Si alguien quiere hacer dinero, la Primitiva probablemente conceda mayores oportunidades para ello que el dedicarse a vender libros. El acto de escribir es un camino tortuoso, extremadamente largo, que requiere de una inusitada constancia y en el que el premio pecuniario y el vivir de ello es tan sólo un añadido más, la guinda de un pastel que quizá no logre ponerse nunca. El placer de escribir es algo más que una caja registradora. El acto de satisfacción personal que conlleva el narrar, diseñar, adaptar y encajar todas las piezas de una historia y poder compartirlo con los demás es, en muchas ocasiones, la mayor satisfacción que obtendremos a cambio del esfuerzo realizado. Pero, por desgracia, para llevar a cabo ese acto que, en esencia, es comunicativo, debemos apoyarnos en un concepto que en absoluto es ajeno a la literatura: el ámbito editorial. Y desde esta humilde tribuna jamás se ha tratado de desalentar a nadie poniendo al descubierto los auténticos entresijos de esa circunstancia. Todo lo contrario. Uno de los lectores habituales de este blog que responde al contradictorio apodo de “Zoquete” lo expresó de forma clara y concisa: se trata de conocer el terreno que uno pisa, de saber dónde se está metiendo la manga. Lo que se decida hacer con esa información ya es decisión propia de cada uno pero mi intención es que lo haga con conocimiento de causa. Y sé perfectamente que lo que aquí se explica resulta en ocasiones desalentador y desagradable pero, por desapacible que resulte, no deja de ser menos verdad.

Un saludo,
Prometeo

14/12/06 22:33  
Blogger Prometeo dijo...

Estimado asiduo anónimo uno:

El contertulio “Edmundo” ha tenido a bien explicar de forma resumida y perfecta las principales premisas que rigen el mundillo de la traducción. Poco más puedo añadir al respecto. La mayor parte de los traductores de este país trabajan en régimen de freelance con todo lo que ello conlleva. Las oportunidades son pocas y la competencia feroz dejando aparte el hecho de que las grandes editoriales ya poseen sus traductores habituales. El consejo de “Edmundo” es bastante acertado. Si desea iniciarse en ese terreno, pruebe con editoriales modestas. Otra opción —algo más ardua— puede ser que, por iniciativa propia, decida traducir usted una obra de algún autor extranjero —a ser posible poco conocido o muy antiguo. Algún clásico, por ejemplo. Los autores actuales de cierto caché le querrán sangrar en la cesión de derechos— y ofrezca el resultado de ese trabajo a alguna editorial que pueda interesarse por él. Como le digo, es un camino más arduo y, por supuesto, sin ninguna garantía pero es otro camino al fin y al cabo. Si quiere evitarse el trabajar en balde, redacte una detallada propuesta de traducción —historial de la obra, autor, sinopsis—, traduzca sólo una porción de la obra y ofrezca esa propuesta a alguna editorial. En ocasiones, funciona.

Respecto a lo segundo, tengo previsto escribir un par de entradas acerca del proceso de creación literaria pero no creo que pueda llevarlo a cabo antes de primeros de año. Ando bastante ocupado últimamente y a esa circunstancia hay que añadirle el tema de las engorrosas fiestas, con los compromisos que conllevan.

Saludos,
Prometeo

14/12/06 22:52  
Blogger Prometeo dijo...

Estimada Anónima de las 9:59:

El objetivo que me comenta no sólo me parece muy loable sino que, desde mi punto de vista, me parece la mayor —sino la única— premisa a tener en cuenta a la hora de narrar una historia. Yo mismo me lo planteo así cuando escribo. Mi interés —al igual que el suyo— no se centra en que me nombren académico ni me guarden un lugar de honor en años venideros en el mundo de la Literatura —con mayúsculas— sino en que el lector perciba, sienta y viva con regocijo y placer el resultado de mi esfuerzo. Y que se entretenga mucho. Lo más posible. Que disfrute leyendo lo que yo he disfrutado escribiendo.

Presupongo que su comentario viene a colación de mi afirmación acerca de la calidad de de algunos textos aportados a las editoriales. Le aseguro que cuando afirmé lo deplorable de algunos de ellos no estaba en mi ánimo el afirmar que tan sólo debería prestarse atención a aquellos candidatos en disposición de convertirse en el nuevo Dostoievsky. La cuestión no es que se reciban manuscritos de factura impecable y uno se decepcione porque espera recibir el equivalente a “La montaña mágica”. Es que se falta de manera onerosa a la premisa que usted indica al final de su comentario. No ya que la obra esté bien escrita sino que, como poco, esté correctamente redactada. Flagrantes faltas de ortografía, oraciones con falta de concordancia, retruécanos de gramática parda esparcidos por doquier, elementales normas sintácticas violadas en numerosas ocasiones —con premeditación y alevosía—, gerundios beneméritos usados con profusión —y en ocasiones, con autentica saña—, historias carentes de interés en las que el autor se recrea en su misma mismidad. Le aseguro que hay cosas que ponen los pelos de punta. Si tenemos en cuenta que en España se publica —según las estimaciones más optimistas— en torno al diez por ciento de lo que las editoriales reciben y, aún así, somos de los países que más publicamos de Europa, es imposible pensar, desde un punto de vista meramente estadístico, que todo lo que se recibe en una editorial tiene la calidad necesaria para ser publicado. Y al igual que conozco a bastantes autores dignos de ser nombrados como tales, que escribe obras muy dignas y que no tienen suerte dentro del mundo editorial —por las decenas de razones que he expuesto en este blog a lo largo de las entradas— no es menos cierto que abunda mucho pintamonas que lo único le que queda es aferrarse a las teorías conspiranoicas a las que aludía en mi comentario. Y lo decía con ánimo de aportar un dato objetivo, no para apoyar ni denostar ninguna postura en concreto.

Un saludo,
Prometeo.

14/12/06 23:28  
Blogger Prometeo dijo...

Estimada Otra Anónima:

A día de hoy, es prácticamente irrelevante el género al que se pertenezca a la hora de desarrollar una vertiente literaria. Tanto a nivel editorial como a nivel social. Lo importante es lo que uno signifique como persona y lo que sea capaz de aportar con sus textos. Cuestión aparte es que muchas escritoras —y escritores— se apunten al carro de moda y se aprovechen de su condición para medrar en beneficio propio, ondeando las banderas que mejor les convengan a sus intereses —feminismo, homosexualidad, etc— pero esa circunstancia es completamente ajena a una autentica carrera literaria en la que lo que de verdad vale es lo que uno es capaz de contar y si es capaz de hacerlo bien. El resto no son más que cuentos y brindis al sol.

Un saludo,
Prometeo

14/12/06 23:37  
Anonymous Asiduo anónimo uno dijo...

Muchas gracias, Edmundo Busoni y Prometeo.
Aclaro que no lo preguntaba por mí, sino por mi hija. Ya quisiera yo tener ahora 17 años y, además, yo era "de francés" y sólo regular :-)), nada que ver con traducir literatura. Como tantos jóvenes, navega en un mar de dudas respecto hacia dónde orientar sus esfuerzos y esa alternativa, Filología, Escuela de Idiomas, Escuela de Traductores, parece interesante para sus aptitudes, entendiendo que la posibilidad de la traducción literaria profesional, como bien han explicado ustedes y yo ya suponía, sería esa especie de guinda que corona un pastel de muchos esfuerzos, mucha dedicación y mucha suerte.
Sin embargo me ha encantado esa última idea que aporta Prometeo porque conozco un libro que creo idóneo para ello, un libro que yo quise leer de forma entusiástica, por las referencias que tenía de él, y que sólo pude conseguir en inglés, con lo cual ahí está, durmiendo el sueño de los justos. Se lo propondré como una especie de objetivo final (o continuo) para su esfuerzo de preparación, si es que opta finalmente por ese camino.

Es un lujo este blog, ¿o no?.

15/12/06 00:31  
Anonymous Anónima de las 9:59 dijo...

Con tremenda humildad me permito sugerir a la Otra Anónima y a los demás conpañeros de viaje, el uso de nuestros atributos en el punto ese que nuestro Prometeo comentaba; o sea a la hora de promocionar un libro recién publicado:

Luzcamos escotes hasta los pies, plumas en la cabeza, transparencias allá dónde se nos ocurran... ¡Vistámonos de lechugas y lechuguinos! Y mostrémosnos tan estrafalarios como podamos.

Así contribuiremos a alimaentar el gran circo literario, y a lo mejor, ¡a lo mejor!, vendemos algún ejemplar más.

(Estooo... Es una entrada irónica. Por si no se nota. Ay.). ;-)

15/12/06 09:44  
Blogger Prometeo dijo...

Estimada Anónima de las 9:59:

Esa propuesta podría ser considerada competencia desleal. ¿Qué hacemos entonces los que no contamos con tan rotundos atributos? No me imagino a mí mismo luciendo escotes y transparencias a diestro y siniestro. Podrían detenerme por atentar, no ya contra el decoro sino contra el buen gusto :-)

Un saludo
Prometeo

15/12/06 12:03  
Anonymous otra anónima (en adelante OA) dijo...

Para el padre de la futura traductora: la traducción literaria muchas veces se encarga a escritores y no a traductores. Muchos de los grandes traductores son profesores de universidad, generalmente filólogos especialistas en la época y el autor, por lo que el campo es muy, muy reducido. Y en el resto de casos en España el trabajo de free-lance se consigue con un "oye, necesito...¿sabes de alguien?", por lo que es francamente difícil.
Conocer un idioma raro es una gran ventaja. Y si al final se decide por la carrera de traducción, yo recomendaría también cursar una filología (hispánica mejor) al mismo tiempo, porque le proporcionará una base literaria imprescindible que no da la carrera de traducción

15/12/06 13:10  
Anonymous Asiduo anónimo uno dijo...

Estimada OA:

Queda claro que como objetivo es demasiado ambicioso. Dejémoslo en una estimulante posibilidad...a largo plazo. Aunque yo ni quito ni pongo rey, sino ayudo a mi señor, siempre me ha parecido que, puestos a pelearse, mejor que sea por una causa que lo merezca. Siempre habrá otras alternativas por el camino.

Gracias, OA, por el consejo.

18/12/06 00:31  
Anonymous OA dijo...

De nada, asiduo anónimo uno. Para alguien interesado en las humanidades, teniendo en cuenta lo que nos aprecia el mercado laboral, es fundamental dejar abiertas dos o más alternativas profesionales. Con insistencia se consigue, pero probablemente no a los 22 años, recién licenciado.

20/12/06 11:35  
Blogger Sergi Bellver dijo...

Imagina que llegas auna librería sin objetivo concreto. No buscas ese título que quedó pendiente la última vez que repasaste los inaplazables, ni confías en el criterio del vendedor (algo inversamente proporcional al volumen de la plantilla, cuando es tendero, suele conocer lo que se trae entre manos, cuando estás en un "hiper" del libro, las palabras son poco más que códigos de barras), simplemente te dejas llevar por la casualidad. Abres un libro al azar, lo devuelves al estante, pero... imagina que de su lomo sale un cordel, y tiras, y otro libro se mueve a tu izqueirda, y repites la operación, y aún hay otro hilo que agita un poemario al final del pasillo, y...

En fin, nada sustituirá jamás la magia de la palabra impresa y el papel pero... los libros aún no tienen la capacidad de tenderte un puente tras otro, de manera automática.

Y toda esta perorata para decir que de rebote acabé en esta bitácora, y que me felicito por el hallazgo, y qye te felicito por plantear, sugerir, opinar, ilustrar... pero sin ese fétido trasfondo que me estropea muchas otras bitácoras de escritorzuelos, críticosa y adyacentes: la soberbia.

Por eso regresaré, por eso te enlazo ahora mismo, por eso, sobre todo, me quedan mil cosas por responder a tus sugerencias, según voy bajando con este ratón sin orejas.

Un saludo, Prometeo, para acercarnos el fuego de la literatura, lo haces con bastante humildad (de la fuerte, de la que no es falsa modestia).

22/12/06 13:18  
Blogger guderian2 dijo...

Buenos días, Prometeo

Mi pregunta no sabía si publicarla en el hilo de agencias, editoriales, o que. La pregunta es: ¿Que opina de la asociación de escritores noveles (www.asociacionescritoresnoveles.es)?

Gracias y un saludo,
guderian2.

5/2/07 00:19  

Publicar un comentario

<< Volver a página principal